Todavía recuerdo el día que nos dijimos a diós. Un último abrazo, un último beso, era necesario que ese encuentro sea el último.Lastimabamos a personas, pero a quien más nos lastimabamos era a nosotros mismos, me diste un beso y me dijiste que jamás me olvidarías.
Me tomaste de la cintura, me tumbaste sobre una cama, y me amaste, eso sentí.
Nunca de tus labios escuché un Te amo, ni tú uno de los mios, pero estoy segura, que con cada encuentro, eran continuas las demostraciones de amor que nos dabamos.
No eras mio, no era tuya, debíamos alejarnos, separarnos, no vernos nunca más. NUNCA.
Todo había terminado, sería la última vez que sentiría tu cuerpo perfecto sobre el mio, tus labios besandome con desesperación y tus manos, tocandome como nunca nadie lo había hecho.
Y así fue, llegó el momento de decir adiós, te abracé y una trás otra las lágrimas empezaron a correr por mi rostro, te amaba te amaba, te amaba como no había amado a nadie nunca
te seguí abrazando pero esta vez con muchas más fuerzas, necesitaba sentirte por última vez. Nos separamos, me miraste y en tu mirada triste, pude ver como contenías las ganas de llorar.
Cada cual, por su lado, ya no contenías las lágrimas, mi corazón se debilitaba con cada paso, que daba y me alejaba . La tristeza me consumía, me costaba respirar, me voltié para verte ir, tu cabeza gacha, tus manos en tus bolsillos, y un final que estaba marcado en cada uno de nosotros. Sabía cuanto te iba a extrañar, cuanto te iba a necesitar.
Seguí caminando y el fin había llegado, ya no te pude divisar más, nos habíamos separado y para siempre.
